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¡Llamamos a convertir el alzamiento del pueblo contra el gobierno en un gran paro general indefinido!

Desde el pasado 28 de abril el pueblo colombiano se levantó contra el gobierno de Duque y ya logró su primera victoria: derrotar la nefasta reforma tributaria. Al régimen nada le valió para contener la ira popular: ni la engañifa de retirar algunos articulitos del proyecto, ni los llamados amenazantes al encierro, hechos por los mandatarios locales, incluidos los llamados alternativos de las grandes ciudades, ni los toques de queda, ni la prohibición de protestar proferida por una magistrada alcahuete. Menos pudieron hacerlo los mensajes apaciguadores del insepulto Comité Nacional de Paro, que, como el 21 de noviembre de 2019, antes que impulsar el descontento se dedicó a advertir que el paro no podía pasar de un día y debía limitarse a los rituales y coloridos desfiles hasta las plazas principales de las distintas ciudades.   

No obstante, la lucha desbordó cualquier previsión y superó a los concertadores. El pueblo de toda Colombia, empezando por el caleño, ha derrochado valor y decisión para combatir, no solo contra los cambios a los impuestos —ordenados por los organismos multilaterales de crédito para asegurar el pago cumplido de la deuda pública—, sino contra el hambre que asola a millones de seres; contra el desempleo, ensañado en mujeres y jóvenes; contra los despidos y desmejoras de las condiciones laborales; contra la incuria en la atención del virus; contra la corrupción rampante; contra la quiebra de transportadores y de pequeños y medianos negocios; contra el hartazgo de una minoría de magnates y sus cortesanos a costa de las privaciones de las mayorías.

Como era de esperarse, el mandatario títere, aleccionado por Uribe, respondió a los justos reclamos con la represión más brutal, disparando sistemáticamente contra los manifestantes y calificando de vándalos a los inconformes. Los muertos, ante todo jóvenes, se cuentan por decenas y los heridos por millares. Pero, a pesar de la sarracina oficial, el pueblo continúa luchando. Se hace necesario, entonces, levantar banderas que unifiquen su sentir, como lo fue la oposición a los tributos hambreadores.

Hay que exigir que sean juzgados los autores intelectuales y materiales de los asesinatos durante las protestas; que las familias de las víctimas sean resarcidas; que se disuelva el Esmad y que caigan y respondan el ministro de Defensa y las cúpulas militar y policial, que ordenaron la matanza. Tiene que reclamarse la libertad inmediata de todos los detenidos por causa del paro.

Hay que rechazar la militarización del país y vigilar que no se haga la onerosa compra de aviones de guerra ordenada por los gringos, para lucrar su industria armamentista y encargarnos de agredir a otros pueblos y naciones.

Se tiene que impedir que, con el fraude de la unidad nacional, se presente un nuevo proyecto tributario que disfrace el retirado, u otro que se centre en feriar Ecopetrol, ISA y otros bienes públicos, y en congelar los salarios y masacrar laboralmente a los trabajadores del estado.

Hay que exigir el retiro del proyecto de ley 010, que cursa en el Congreso, el cual fortalece la intermediación y el robo de las EPS y las IPS privadas; empeora la atención, encarece el acceso a especialistas, exámenes diagnósticos, laboratorios, cirugías, etc.; y concentra el sector en manos de unos pocos consorcios financieros negociantes de la salud, principalmente multinacionales; y ahonda la superexplotación y subcontratación de los trabajadores, incluido el personal médico y de enfermería.

Se debe requerir empleo para todos o mínimo vital pagado por el gobierno a los desempleados; que se satisfaga hasta el último requisito de bioseguridad para la vuelta a las aulas de alumnos y maestros y, mientras tanto, se garanticen los dispositivos, la conectividad, la alimentación de los estudiantes; que se acelere la vacunación masiva y gratuita contra el covid-19, que cesen los negociados con las farmacéuticas, y que se decline la intención de entregarle la vacunación a los privados.

Hay que lograr la derogatoria del decreto 1174, que entronizó el trabajo por horas y arrasa con la estabilidad, el salario mínimo, las primas, cesantías, recargos por horas extras, dominicales y festivos, el pago de incapacidades médicas y licencias de maternidad; que desampara las enfermedades laborales y los accidentes de trabajo; que reemplaza la pensión por los miserables BEPS, equivalentes a la limosna de Familias en Acción. Se debe prevenir a la población contra la vileza de arrasar los derechos de los asalariados con una nueva legislación laboral y pensional so pretexto de socorrer a los más pobres.

No hay que cejar en exigir que paren las masacres, y cese la impunidad y complicidad oficiales en los asesinatos de líderes sociales y populares y excombatientes.

Pero, conquistar estas urgentes demandas, requiere de una cada vez mayor organización y centralización de la lucha, cuyo estado mayor ya no puede ser el claudicante Comité Nacional de Paro, dirigido por un grupillo de acomodados, que atienden, antes que los clamores de las masas, a los apetitos electorales de sus jefes y de ellos mismos, a los gremios económicos, a los medios de comunicación oligárquicos y a la Casa de Nariño, a los que les imploran concertar y que los “incluyan”. Esta camarilla demostró, una vez más, su incapacidad absoluta de orientar al pueblo en los momentos álgidos, como lo prueban, entre otros hechos, que hubieran decidido a primeras horas de la noche del 28 de abril que la lucha se contuviera hasta el 19 de mayo, y que para conmemorar el primero de mayo conminaran a la población a abandonar las calles y a refugiarse en las casas a ver en computadores y celulares un concierto de rock and roll, prestándole un invaluable servicio al fascistoide gobierno debilitado y acorralado.

Hoy más que nunca hay que imprimir millones de hojas volantes y lanzarse a las barriadas, a los campos, a las zonas industriales con megáfonos a hacer agitación, a vincularse, sin dogmatismos de ninguna clase, a las diversas organizaciones creadas por el pueblo para encauzar sus reivindicaciones y a procurar centralizarlas en una organización nacional, verdaderamente unitaria, democrática, que rechace la utilización del movimiento con fines electorales y que funcione sobre bases asamblearias. 

Quien se quiera ganar un puesto de honor en la pelea y en el corazón del pueblo tiene que motivar, defender, orientar la lucha en las calles por la vida, el empleo, el pan, el techo, la salud, la educación, las pensiones, los servicios públicos. Así se logrará convertir las luchas espontáneas y aisladas en un gran paro general indefinido que, al lado de esos reclamos, levante las consignas de no pagar la deuda; nacionalizar la banca, los recursos naturales y demás ramas económicas que determinan su bienestar; abolir las EPS, las Administradoras Privadas de Fondos de Pensiones, AFP; y erigir una sociedad en la que prime el interés de las mayorías y no los privilegios de unos pocos.

¡Por el paro general indefinido, adelante, adelante, adelante!

¡Por el castigo a los asesinos del pueblo, adelante, adelante, adelante!

¡Por el retiro del proyecto de ley 010, adelante, adelante, adelante!

¡Por la derogatoria del decreto 1174, adelante, adelante, adelante!

¡Por vida, empleo, pan, techo, salud, educación, pensiones, servicios públicos para todos, adelante, adelante, adelante!

Coordinadora Nacional Sindical, Social y Popular, CNSSP,

3 de mayo de 2021

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